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A través de mis lentes… me di cuenta que la mente insistía una y otra vez en Indianápolis pero el corazón gritaba Nueva Orleans. El corazón conquisto la victoria en esta oportunidad ayudado por todos los Santos.
Así sucedió en un día de Febrero del 2010 cuando aquel equipo que una
vez tuvo que mirar como sus aficionados colocaban bolsas de papel sobre
sus rostros para ocultar su vergüenza redimía a una ciudad entera ante
los ojos de todo un país. Si, no es mentira, si, parece un sueño, pero
no lo es y nunca antes en la historia el festival de Mardi Gras había
empezado en las calles de Nueva Orleans con tanta antelación.
Los Santos vencieron a un grande, tal vez al más grande de todos, al
más grande de la estirpe Manning y de qué manera, aplicando la misma
receta. Drew Brees- el santo mayor- el más venerado en la ciudad
conocida como la Ciudad de la Creciente por la forma en que el río
Mississippi corre a su alrededor, decidió con su brazo y sapiencia
reclamarle al mundo su lugar en la historia del deporte más popular de
los Estados Unidos.
Drew Brees lanzando el ovoide 39 veces y conectando 32 para 288 yardas
reclamo además para sí mismo el título de jugador más valioso del Súper
Tazón y jugando a la Manning, con paciencia, con determinación y con
sed de triunfo se transformó a sí mismo de un muy buen mariscal de
campo a uno de la elite.
El Mariscal de los Santos ha puesto con esta magnífica y eficiente
victoria su nombre al lado de otros grandes, de los Montana, de los
Bradshaw, de los Aikman, de los Brady y sobre todo en el podio más alto
de una ciudad que más ha estado del lado del sufrimiento que de las
victorias. Miami fue testigo presente del juego que enfrentó a dos hijos
predilectos de una misma ciudad pero esta vez el hijo al mando del
equipo mimado por los corazones de los norteamericanos para este Súper
Tazón, resulto el ganador.
Sean Payton-el entrenador en jefe ganador- pareció sentir que en una
liga tan competitiva como la NFL las oportunidades para ganar un Súper
Tazón pueden no presentarse nunca más y decidió que estaba allí para
ganar o morir en el intento. Payton hizo rodar sus dados sobre todo en
espectacular jugada de patada corta al inicio del segundo tiempo y el
jefe Brees no desaprovechó la oportunidad para poner a sus Santos al
mando para no entregarlo más.
Payton el entrenador arriesgó y triunfó, llego a ganar y lo logró,
desestimó por momentos la historia y contra quien o quienes jugaba y
del saco de los engaños sacó su magia para llenar de alegría a Bourbon
Street
Nueva Orleans es campeón y las bolsas de papel ya nunca más regresaran
a las gradas del Superdome porque los Santos contra todos los
pronósticos han catapultado a una ciudad entera a la cima del deporte
norteamericano. Señores, Nueva Orleans es campeón y Drew Brees repatrío de Miami una
gran parte de la alegría que el huracán Katrina un día se llevo.
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