|
Tal vez usted no recuerda con quién jugó, pero si le preguntan quién
fue el que nos clasificó a nuestro primer mundial de fútbol, de seguro
contestará con el nombre de un jugador que el destino lo
mantendría desapercibido hasta el último juego eliminatorio ante El
Salvador. Centro al área, cabezazo de Pastor Fernández, golazo y Costa
Rica a Italia 90.
Fue complicadísimo vencer a nuestros adversarios de Concacaf, pero además se presentaron obstáculos que propios federativos de esa época pusieron en el camino, porque según algunos jugadores pocas veces les dieron el respaldo que merece una selección nacional que aspiraba participar en un evento mundialista. Costa Rica jugó diez encuentros oficiales en la eliminatoria, de los cuales ganó seis, empató dos y perdió dos, con 13 goles a favor y siete en contra; pero sin duda las casualidades no existen y Dios nos mandó a un 'Pastor'. 
José Pastor Fernández Beita, nació en Pérez Zeledón, en su adolescencia trabajaba, jugaba al fútbol y estudiaba, graduándose a los 17 años en un colegio nocturno. Pastor asegura que casi todos sus hermanos han practicado el fútbol, hasta segunda división o aficionado, pero a nivel profesional sólo su hermano Freddy Fernández y él llegaron a depender del deporte. Como nota curiosa Freddy, quien actualmente milita con el Municipal Pérez Zeledón, defensa y el capitán del equipo, ahora es seleccionado mayor y ya le anotó a la selección Salvadoreña en la eliminatoria, esta vez jugando de visita en el Cuscatlán.
Pastor, delantero nato, empezó a jugar fútbol oficialmente en tercera división con el equipo de la localidad, General Viejo (Pérez Zeledón), después pasó a jugar en la segunda División donde quedó como goleador, lo que le permitió dar el gran paso a la máxima categoría con el Club Sport Cartaginés. Corría el año 1986 cuando Pastor Fernández Beita debutó en primera división vistiendo los colores brumosos, pero de qué forma, en su debut anotó el primer gol ante Puntarenas. Esa anotación significó mucho, porque con ella logró quedarse tres años con el Cartaginés, desde 1986 hasta 1989; mismo año en que fue convocado a la Selección Mayor.
Costa Rica se jugaba la clasificación contra el Salvador, era su último encuentro y hubo sorpresas ese día, sí. La noche anterior Pastor Fernández no estaba ni entre los suplentes, a la mañana siguiente Evaristo Coronado tuvo problemas de salud y Marvin Rodríguez, quien era el timonel patrio, tomó la decisión de incluirlo de titular. Sí Maradona hizo lo suyo con Argentina en México 86, fue la cabeza de Dios la que intervino… nos envió a nuestro Pastor.
Pastor Fernández solo hizo un partido de clase A con la Selección mayor y ese detalle fue suficiente para la inmortalidad. Un gol suyo a El Salvador, en ese juego del 16 de julio de 1989, es recordado desde ya casi 20 años atrás, pues representó la clasificación tica a su primer Mundial. En otras palabras, Fernández hizo el golazo más importante en la historia del viejo Estadio Nacional, ya desaparecido; pero si el destino le dio su mayor alegría, éste le daría una mala jugada, ser excluido del Mundial de Italia 90, algo que lo desmotivó y provocó su retiro prematuro del futbol federado.
Después de las celebraciones vino el tiempo de la preparación. Al conocer que nuestros rivales serían Suecia, Escocia y Brasil se temía lo peor y la preocupación creció aún más, luego de resultados no muy halagadores en Estados Unidos ante Uruguay, Unión Soviética y Atlas de México a inicios de 1990. El presidente de la Fedefutbol, Isaac Sasso, quien acababa de suceder en el cargo a Longino Soto, decidió relevar del banco a Marvin Rodríguez y contrató al serbio Velibor ‘Bora’ Milutinovic, técnico que llevó a México a cuartos de final en 1986.
El nuevo seleccionador tomó algunas decisiones incomprensibles para la prensa y la afición; entre ellas, excluir a piezas claves del proceso como Coronado, Enrique Díaz, Leoni Flores, Álvaro Solano y al mismo Pastor Fernández. Ante el escepticismo ‘Bora’ se llevó a sus jugadores a las montañas de Heredia para una concentración de varios días, partiendo posteriormente hacia Estados Unidos y Europa donde, alejados de Costa Rica, tuvieran una preparación adecuada y óptima sin ninguna preocupación.
Los tres meses de “Bora” al frente de la Sele no fueron fáciles; en los choques de fogueo abundaron las derrotas; más a la hora de la hora nuestros muchachos respondieron con orgullo, ambición y amor a la camiseta; puntos que resultaron claves del éxito para silenciar a los suecos y a los escoceses, cayendo únicamente ante el “Scratch du Oro” por la mínima diferencia y avanzar de manera histórica a octavos de final, donde posteriormente Checoslovaquia nos eliminó. Sin embargo, Pastor fue enfático en decir que los mejores años de su carrera futbolística los pasó con el Cartaginés, ya que fue donde mejor trato recibió, a pesar de que su salida se dio por un conflicto interno.

Pastor recuerda muy bien a la afición cartaginesa, "el tiempo que estuve en Cartago la afición me brindó mucho cariño, me trataron muy bien, por eso considero que fue un error haber salido de ese equipo", señaló el ex jugador hace unos años. A sus 48 años, divorciado, con tres hijos y dedicado a enseñar futbol en Coronado y Guadalupe, ya no guarda rencores a quienes lo dejaron fuera del sueño italiano aunque confesó que al principio sí, en los primeros cinco o siete años. “No quería saber nada de futbol, jugué desmotivado dos años con Alajuela y uno con San Carlos, y a los 28 años me retiré”. “Los siguientes cinco años me desvinculé por completo y trabajé en ventas”, Pero poco a poco halló consuelo, con apoyo de amigos, encontrando la paz que necesitaba, en especial cuando empezó a enseñarle a los niños. Hoy ya no existe ningún resentimiento”.
Pastor aún guarda los recortes de la época, algunos de alegría y otros muy dolorosos. Recuerdo uno de La Nación que decía: ‘De Pérez Zeledón a Italia’. “Me sentía con los méritos de participar en el Mundial, pero no se me dio”. El gol a El Salvador ni siquiera le representó algo en lo económico. La repartición se hizo solo entre los que fueron al Mundial, incluidos placas de taxis, vehículos y premios económicos, y no a los que participaron en la eliminatoria; pero ese gol tiene un gran significado. La compensación de no ir al Mundial llega aún 20 años después. “Si hubiera ido, tal vez la gente no me hubiera recordado tanto. Esto es lo que me dejó el futbol: el cariño y el respeto de todo un pueblo”.
|